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Epopeya: el día que Independiente «rompió un plan siniestro del más hijo de puta de los milicos”

Si decimos “año 1978” todos naturalmente recordaremos el Mundial 78 que se disputó en Argentina y en el que el seleccionado de Césas Luis Menotti se consagró campeón por primera vez en su historia tras vencer por 3 a 1 a Holanda. Pero lo que todos, o la gran mayoría de nosotros, ignoramos es que en esos 12 meses pasó de todo, como por ejemplo: se encontró la cura para la viruela. Además, en nuestro país, la clase media comenzó a vacacionar en el exterior gracias a que el dólar estaba barato, mejor conocido como “Plata Dulce”. También, Charly García conoció a David Lebón en Brasil para más tarde darle vida al grupo musical Serú Girán. Los Montoneros pusieron una bomba en el Barrio Norte, que como consecuencia terminó con la vida de Paula Lambruschini y de dos personas más. Por si fuera poco, hubo un conflicto entre Argentina y Chile por el Canal de Beagle, y el general Luciano Benjamín Menéndez trató de “cagón” a Jorge Videla por no querer ir a la guerra contra los chilenos. Tantas cosas pasaron en ese año, demasiadas, que también se vivió “la mayor hazaña del fútbol argentino”. Así lo definió Claudio Gómez, autor del libro “El partido rojo”.
Final del campeonato Nacional. Independiente venía de ganarle a Estudiantes en la semifinal y Talleres de hacer lo propio contra Newell´s. Primer partido en la cancha del Rojo. Se esperaba un partido lindo, con mucho juego pero decepcionó. Un 1 a 1 muy aburrido, con dos goles de penales que no lo fueron. Pésimo arbitraje de Ángel Coerezza. El primer tanto lo puso Enzo Trossero para el conjunto de José Omar Pastoriza y el empate vino de la mano de Ricardo Cherini.
Para los “Diablos Rojos” el empate fue con sabor amargo porque el gol de la visita valía doble. Talleres, creyéndose campeón, volvió a Córdoba festejando el futuro campeonato.
Mientras tanto, Lanús perdió la categoría tras igualar con Platense y definir en unos polémicos penales: patearon todos, era el turno del arquero del Calamar, éste se negó y volvió a ejecutar el primero que había pateado. El equipo Marrón tendría que haber sido descalificado por no cumplir el orden de la tanda. El árbitro encargado que tenía que hacer valer las reglas fue Roberto Barreiro.  Ferro y Temperley acompañaron al Granate a la “B”.
Talleres nunca había salido campeón en su historia. Por ese motivo aquella final fue una fiesta para la provincia y el general Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo el Ejercito con sede en Córdoba y jurisdicción sobre otras nueve provincias (en simples palabras controlaba medio país), quiso ser parte de ese logro. “Dentro de las lacras que fueron los militares, Menéndez fue el peor de ellos. El tipo jugó sus fichas en aquellas finales para que el campeón fuera Talleres”, expresó Claudio Gómez. Meses después, Videla hizo lo mismo con la Selección Argentina en la Copa del Mundo. Luciano Benjamín se hizo muy cercano al presidente del club, Amadeo Nuccetelli. A éste le convenía estar cerca del militar, ya que tenía como objetivo ser el presidente de la AFA, misma meta que Julio Grondona, que precedía en Independiente.
El veinticuatro de enero de 1978, previo a la final, el general Menéndez visitó el vestuario del árbitro del encuentro, Roberto Barreiro, para después irse al palco junto a los presidentes de ambos clubes a esperar el inicio del partido. El estadio de Boutique de Barrio Jardín estaba lleno, hizo récord en ventas: 130 millones de pesos (30 millones más que la final de la Copa Libertadores que se había disputado en 1977 entre Boca y Cruzeiro). Los primeros minutos de juego fueron aburridos. Ningún equipo se sacó ventajas. Sin embargo, la primera ocasión clara de gol fue de Independiente, tras un remate largo del Conejo Pérez. Sobre el final del primer tiempo llegó el primer tanto de la noche: centro pasado para Trossero y de cabeza se la dio a Norberto Outes, que ganó de arriba y puso la pelota en el ángulo. La hinchada del Tallarín quedó muda.
Comenzó la segunda parte y el conjunto cordobés no lograba lastimar a Independiente, que éste dominaba y controlaba. A la hora de juego todo cambió: pelotazo que paró con el pecho Rubén Pagnanini adentro del área pero el árbitro vio una supuesta mano y cobró penal. Como en el partido de ida, Cherini fue el encargado de empatar. Minutos más tarde, llegó Talleres a través de una jugada parada. Cherini hizo rápido el tiro libre para Luis Ludueña, éste se la devolvió a Ricardo y él volvió a dársela a El Hacha, enganchó y tiró el centro pasado para Ángel Bocanelli, que saltó y metió el manotazo a la pelota poniéndola en el fondo de la red. Roberto Barreiro cobró el gol pese a que la mano fue muy notoria. Todos los jugadores de Independiente se le fueron encima al árbitro; le pegaron y lo empujaron. La policía tuvo que meterse en medio de la cancha y proteger a Barreiro. El árbitro sacó la tarjeta roja de su bolsillo y echó a Trossero, a Rúben Galván y, por último, a Omar Larrosa. Los muchachos del Rojo se desesperaron todavía más. Las dudas se les habían ido, ahora era todo certezas: el partido estaba arreglado y el campeón tenía que ser sí o sí Talleres.

Independiente se quedaba con 8 jugadores.

Ricardo Bochini se dirigió para afuera del terreno de juego, negado a seguir jugando, pero Pastoriza le cortó el paso poniéndose en el medio, lo tranquilizó a él y al resto de jugadores para que siguieran jugando. Le habló a cada uno y los convenció de que todavía estaban a tiempo de ganar. “Vas perdiendo 2 a 1 una final y te echan 3 jugadores. Cualquier entrenador hubiera dicho ‘evitemos la goleada’. Al Rojo le quedaban 2 cambios, metes dos defensores y listo, evitas el papelón. Pero el Pato hace la gran jugada maestra: metió dos delanteros y los jugadores entendieron el mensaje del DT, ‘el partido se puede ganar’ y efectivamente lo lograron”, dijo el autor del libro “El partido rojo”. Se reanudó el partido con Daniel Bertoni y Mariano Biondi en cancha. La tribuna estallaba de alegría pero faltando ocho minutos para el cierre, Bochini se la dio a Bertoni. Éste se la devolvió al Bocha, que encaró y entró al área con pelota dominada y se la dio a Biondi. Él cedió a Ricardo Bochini, que remató de zurda arriba, lejos del alcance del arquero. El estadio Boutique de Barrio Jardín se enmudeció. Independiente logró lo imposible. Los jugadores iban de un lado a otro festejando el gol del Bocha. Pastoriza entró corriendo a la cancha y abrazó a Bochini.

Bochini y el Pato Pastoriza.


Así terminó la epopeya, con Independiente campeón tras esas injusticias. Con Julio Grondona como presidente de la AFA y con Luciano Menéndez con doce condenas a cadena perpetua. “Esa final tiene esa dimensión que tiene no sólo porque Independiente salió campeón con ocho jugadores, sino que también rompió un plan siniestro del más hijo de puta de los milicos”, concluyó Claudio Gómez.